miércoles, 5 de noviembre de 2014

Un hermoso poema, hermosa idea para dedicar a una hija, hermana, amiga, en fin alguien que sea una eterna niña...



NIÑA, Octavio Paz.




Nombras el árbol, niña. 
Y el árbol crece, lento y pleno, 
anegando los aires, 
verde deslumbramiento, 
hasta volvernos verde la mirada. 


Nombras el cielo, niña. 
Y el cielo azul, la nube blanca, 
la luz de la mañana, 
se meten en el pecho 
hasta volverlo cielo y transparencia. 



Nombras el agua, niña. 
Y el agua brota, no sé dónde, 
baña la tierra negra, 
reverdece la flor, brilla en las hojas 
y en húmedos vapores nos convierte. 



No dices nada, niña. 
Y nace del silencio 
la vida en una ola 
de música amarilla; 
su dorada marea 
nos alza a plenitudes, 
nos vuelve a ser nosotros, extraviados. 



¡Niña que me levanta y resucita! 
¡Ola sin fin, sin límites, eterna!

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